Adrián Iaies: una usina de jazz

Adrián Iaies: una usina de jazz

Federico Monjeau, Clarin, 14/10/16

Pianista, compositor, director del Festival de Jazz y también de La Usina del Arte; de Adrián Iaies podría decirse que él mismo es una usina musical, tal vez la más potente que hoy exista en el campo del jazz argentino. El músico acaba de publicar dos nuevos discos en su propio sello 20 Misas, uno en trío con Juan Manuel Bayón en contrabajo y Bruno Varela en batería (La vida elige), el otro en dúo con el guitarrista Rodrigo Agudelo (Como si te estuviese viendo). Los formatos instrumentales son muy distintos, aunque parece la edición de un álbum doble: ambas grabaciones están unidas por un complementario y atractivo arte de tapa y por el hecho de que todas las composiciones son de Iaies.

Esto último no es poco significativo. Como se ha dicho tantas veces, en el jazz las fronteras entre la interpretación y la composición son difusas desde siempre, pero esto no debería impedir que uno vuelva a exaltarse frente a la belleza de un tema. Aquí la lista podría comenzar con Agudelo in the Mood for Love, del disco en dúo, y con Laura, del disco en trío. La primera es como si un ovillo se desenrollara lentamente, con el efecto de una conversación íntima; por supuesto, ese efecto no sólo proviene de su forma rítmico-melódica, sino también de su forma instrumental, del particular dúo que arman el piano y la guitarra.

No es un diálogo de preguntas y respuestas, ni un diálogo en claro contrapunto. Los instrumentos se iluminan mutuamente; a veces doblan con bastante exactitud la melodía, otras prefieren un expresivo desfasaje, y es difícil decidir dónde radica la rara belleza de la pieza, si en las notas mismas o en el sutil juego de espejos. El efecto de reflejo entre el piano y la guitarra tal vez tenga su punto culminante en ese tema, pero de alguna manera recorre el disco en su totalidad.

Laura es una balada lenta que lleva el piano sobre una base muy asordinada de contrabajo y batería. Aquí no hay diálogo, sino un soliloquio de siete minutos que describe un arco perfecto para cerrar con una coda de desarmante sencillez. La pieza parece felizmente rozada por un aura jarrettiana.

No menos lograda es la atmósfera nocturna de Missing Strayhorn, a dúo con Agudelo en lo que parece un tributo al genial pianista de Ellington. Ya desde el título, la pieza indica la dirección de Iaies hacia el corazón del jazz, un género que hoy es casi tan vasto como el mundo. Iaies hace jazz sin formulismos de fusión ni de ningún tipo.

Su disco en trío comienza con otra referencia a la más pura tradición del jazz, aunque en un registro más cómico: Recto no cazador, en la traducción estilo google de Straight no Chaser, la pieza de Thelonious Monk que Iaies, Bayón y Varela parafrasean en un original ensayo sobre el bebop y en una lograda atmósfera de club de jazz, como si se tratara de una ejecución en vivo.

Hay además en ese mismo álbum un inspirado homenaje a Paul Bley (Paul Bley) y un auténtico tour de force que lleva por título Efecto cortina #1; acaso ese título provenga de cierta atmósfera de película de cine negro o de la reiteración de prácticamente un único motivo; como sea, aquí el efecto cortina resulta bastante hipnótico.