Alan Plachta: alquimia sin fronteras

Alan Plachta: alquimia sin fronteras

Omar Gimenez, especial para el sítio clubedejazz.com

Una de las virtudes de la magia es la de no necesitar de tiempos prolongados para materializarse. Se requiere, eso sí, de magos. Y de circunstancias que favorezcan la efectividad del hechizo.  Apenas siete horas fueron necesarias para que el guitarrista argentino Alan Plachta y el trompetista Richard Nant grabaran en Nueva York su disco “Un Viaje”, junto a destacados músicos de la escena musical neoyorquina. El resultado es un álbum en el que brillan las cualidades de un ensamble tan rico como singular.

El disco suma un nuevo escalón en la experiencia internacional de Plachta, un músico que valora especialmente la interacción con artistas del mundo. Ahí está sino, su Colectivo Argentino Uruguayo, que en 2011 logró reunir a destacados músicos rioplatenses alrededor de un repertorio de canciones de autores orientales. Y su cada vez más frecuente colaboración con músicos brasileros.

Foto 1 (Valeria Marchese) e Foto 2 (Anita Kalikies)
Foto 1 (Valeria Marchese) e Foto 2 (Anita Kalikies)

Tocar con músicos de otros países te da perspectiva, de cómo se toca y de cómo se piensa la música en distintos sitios. Te enseña acerca de otros estilos y costumbres, te enriquece. Yo lo veo en Richard, que ha tocado mucho afuera y eso se nota”, le dice Plachta a Clube de Jazz antes de destacar el aspecto que más lo marcó de la experiencia de haber grabado “Un Viaje” junto a referentes de la actual escena jazzística de Nueva York:

me impactó el foco con el que ellos trabajan la música, ese nivel de concentración extremo y desde el minuto cero del ensayo, que deriva de moverse en un ambiente muy competitivo. Eso me deja cargado de una energía especial, que me gustaría volcar en mi trabajo acá en la Argentina, Mientras tanto, la idea es volver en algún momento a Nueva York y seguir tejiendo redes de música y amistad”.

 

Omar Gimenez – ¿Cómo se llegó a grabar el disco?
Alan Plachta – Por una conjunción de varios factores. Yo tenía un viaje programado a Nueva York en 2015 y quería aprovecharlo para grabar músicas mías en el estudio de Luis Bacqué, que está radicado allá hace unos años. Le comenté a Richard, a quien conozco desde hace más de una década y con quien hemos compartidos varios proyectos y él me dijo que mi viaje coincidía con uno de él, que va a Nueva York periódicamente para tocar con el proyecto de Guillermo Klein, Los Guachos. Entonces me propuso hacer un disco los dos y para eso empezamos a juntarnos todas las semanas durante meses, eligiendo las músicas, la instrumentación. Cuando llegamos allá se completó el grupo con músicos de la escena neoyorquina que Richard conocía a través del trabajo con Klein y otros que sugirió Luis.

El resultado fue una sociedad de lujo: en el piano, el venezolano Luis Perdomo, considerado uno de los mejores pianistas y compositores de la escena neoyorquina actual, conocido internacionalmente por su trabajo con Miguel Zenón y con el hijo de John Coltrane, Ravi. En batería y percusión, el japonés Satoshi Takeishi, quien trabajó entre otros con Ray Barreto, Eddie Gómez y Eliane Elías. En el contrabajo, Matt Pavolka, que tocó con Lee Konitz, entre otros. Y en saxo tenor y clarinete, Sam Sadigursky, de Los Angeles, que trabajó con Brad Mehldau dentro de un largo historial de colaboraciones con distintos artistas.

AP – Nos reunimos por primera vez en una sala de ensayo de Brooklyn y desde el principio la música fluyó con mucho foco y concentración. Luis Perdomo es un Messi al que sabés que le podés pasar la pelota en cualquier circunstancia y va a eludir a cinco y a hacer el gol. Es ese tipo de pianista que tiene una relación asombrosa con el instrumento, como si no hubiera filtro, a cada momento, entre lo que piensa y lo que toca. Y creo que Satoshi Takeishi fue quien más aportó al color final del trabajo. Al otro día fuimos al estudio y se grabó todo en vivo. Se hicieron dos tomas de cada tema, salvo de uno –“Bárbara”- al que nos costaba encontrarle el tempo ideal. De ese se hicieron tres tomas.

A la hora de repasar algunos de los puntos salientes del disco, el guitarrista habla de la apertura con “Leyenda”, un tema de Nant que ya habían tocado juntos en el grupo Argentos y que volvieron a arreglar para la ocasión. Alude a “Sincronía”, el tema que cierra el álbum, como el que más le gusta en lo personal y destaca de él su aire tanguero. Menciona a “Noviembre”, un tema donde su guitarra dibuja un ostinato sobre el cual gana altura la improvisación del resto de la banda.

Y cuenta que “Encuentro I” y “Encuentro II” surgieron espontáneamente, como improvisaciones de Takeishi y Nant, donde la que manda es la percusión. También destaca, como una característica general, que “hubo un interés especial en trabajar con las estructuras. Tratar de que las “costuras” entre las partes improvisadas y las escritas no sean obvias”.

OG – ¿Tuviste oportunidad de tocar en vivo durante tu estadía en Nueva York?¿Cómo viste a la escena neoyorquina?
AP – Estuvimos tocando con Matt Pavolka y su mujer Akiko en un lugar de Brooklyn, Ibeam, y también con el baterista argentino Damián Allegretti. El nivel de actividad es altísimo y todos allí quieren mostrar lo mejor que tienen, pero eso me lo esperaba. Encontré algunas particularidades, viendo a big bands, por ejemplo. Una de ellas es que se toca a más bajo volumen, cuidando más el sonido, algo que me gusta mucho, porque permite marcar más los contrastes.

De vuelta en Buenos Aires, Plachta cuenta que el disco tuvo una buena respuesta. En Japón, por caso, alcanzó un buen nivel de ventas, y varios músicos de distintas partes del mundo se comunicaron con él, inclusive bateristas, interesados en hacer transcripciones de algunos de los recursos rítmicos presentes en los temas. La posibilidad de presentar el álbum en vivo se evalúa, pero se dificulta por las cargadas agendas de los participantes.

Como todos ellos, Platcha participa hoy en Buenos Aires de varios proyectos en los que alterna el uso de la guitarra criolla y la eléctrica: la banda Tatadiós, con el bandoneonista Martín Sued; el grupo Ingrid; Argentos, con Richard Nant; un dúo de guitarras con Ismael Grossman y la colaboración con el grupo Kai d´raíz y la cantante Ana Archetti, entre otros.

OG – Alguna vez dijiste que podría haber una segunda parte del Colectivo Argentino Uruguayo.
AP – Y no lo descarto, pero no en el corto plazo. Cuando surgió ese proyecto ya había trabajado los arreglos que quería tocar cuando empecé a convocar a los músicos y la cosa fue creciendo hasta alcanzar dimensiones mayores a las que me había imaginado al principio. Para hacer una segunda parte, se tendría que dar de la misma manera, a partir de la necesidad de hacer nuevos arreglos, nuevas músicas.

OG – ¿Y hacer algo parecido con músicas brasileras?
AP – Estaría bueno, pero debería abordarse la música de alguna región en particular. Musicalmente Brasil es inabarcable. Lo que si voy a hacer es seguir juntándome a tocar con músicos brasileros.

OG – ¿Cómo ves al jazz argentino?
AP – La música argentina está yendo por un lindo camino y creo que van a seguir apareciendo cosas buenas. Pero resta lograr, como colectivo, más difusión. Dejar de ser un gueto, conseguir que nuestra música no sea elitista y llegue a un público más numeroso.

 

 

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